Inicio > Historias > Él y él
Se conocieron en la boda de un familiar común. No sé quién se descibrió ante quién, aunque qué duda cabe del amaneramiento de él. No eran brillantes profesionales ni intelectualmente refinados. Se encontraron de pornto con la papeleta, incluido el rechazo de la familia constituida en jurado. Y eran bastante mayorcitos e independientes. Vivían de su oficio (uno cualquiera, en el que hacín un buen trabjo), que desde entonces les permitió trabajar juntos y dormir juntos. El serio. Él, sin embargo, efusivo. Todavía lo recuerdo haciéndole fiestas a mi hijo, un bebé.
La hermana de él, ya viuda, falleció en circunstancias lamentables, dejando atrás una familia marcada por un fuerte abandono -apenas ella podía arrastrar su cuerpo...- Nadie quería hacerse cargo de aquella familia estigmatizada. Él lo consultó con ély se plantaron en la casa. Los más pequeños empezaban a ir al colegio desayunados, limpios, ... y estables. Se las apañaron para resocializarlos (por supuesto no lo decían así, el tecnicismo es mío).
Todos los cercanos a la comunidad parroquial lo sabían, curas incluidos. ¿Qué pasó? Nada. Miento: un enorme alivio por el cariz que tomaban las cosas. El más pequeño hacía la comunión ese año, y dedicó su ofrenda a sus "tíos". Eran saludados con afecto. Se querían, eran otra de las parejas que venían de vez en cuando por la parroquia (tampoco es que estuvieran precisamente con la observancia ritual, pero "el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado") Tenían muy claro que aquella era su casa.
Cierto: no supieron gestionar bien las cuestiones económicas y no consiguieron mantener una pequeña cantidad de dinero que habían recibido: intentos fallidos de negocio, errores de cálculo, falta de conocimientos como en tantas otras ocasiones, en tantas otras personas. ¡Qué cómodo para tanta gente echarles la culpa!
Llegaron las tensiones, y fueron invitados a abandonar la casa. La hermana mayor se bastaba para organizarla. Curiosamente, volvió el desarreglo, el desaliño, las conductas erráticas y el absentismo a los pequeños.
Él, que era algo mayor, sufrió un accidente cardiovascular y murió. Él se quedó solo y, ahogado por la pena y la soledad, emigró a tierras frías. No sabemos demasiado de él ahora. Y estamos un poco huérfanos. Especialmente de ejemplo. A ver quiénes tienen valor para irse a vivir con cinco hijos de golpe.
Sí, Monseñor, V.I. que piensa que esto va contra natura, dígame si no es fecundidad sacar adelante a cinco criaturas contra viento y marea, aunque hayan fracasado, entre otros detalles (preparación, suerte, etc.) porque se le cerraron muchas puertas (aunque las hubo abiertas también), no ponga gesto de asco cuando alguno de sus hermanos en el episcopado le digan que hay que revisar el asunto.
Pero, de la misma manera, Vd., sociólogo incluso progre, dígame que estaban deformando a los niños por falta de modelo familiar estándar, como si el mundo no les brindaba todos los demás, y esos padres adoptivos a la fuerza (de la responsabilidad) no le negaron la existencia de otras formas de quererse. Que lo importante era que rerse con un cariño que tenía la obligación de extenderse hacia los demás, tanto más cuanto más débiles, que tuvieron el valor de acercarse a la Iglesia, pese a que la fama es que la Iglesia los repudia y condena.
En ambos casos, I Jn, 4, 8.
Esta es la segunda historia de las tres para las que esta bitácora tenía sentido. Si lo cuento en otro sitio, se atan cabos y salen los nombres y apellidos. Quizá cuando cuente la tercera de los gigantes morales "no famosos" que han marcado mi vida, ya no merezca la pena seguir con las historias. Seguro que hay quien se alegra. Más me alegraré yo: conté mis historias del corazón y ya quedó la misión cumplida, pues para tristezas y homenajes siempre hay lugar.
La hermana de él, ya viuda, falleció en circunstancias lamentables, dejando atrás una familia marcada por un fuerte abandono -apenas ella podía arrastrar su cuerpo...- Nadie quería hacerse cargo de aquella familia estigmatizada. Él lo consultó con ély se plantaron en la casa. Los más pequeños empezaban a ir al colegio desayunados, limpios, ... y estables. Se las apañaron para resocializarlos (por supuesto no lo decían así, el tecnicismo es mío).
Todos los cercanos a la comunidad parroquial lo sabían, curas incluidos. ¿Qué pasó? Nada. Miento: un enorme alivio por el cariz que tomaban las cosas. El más pequeño hacía la comunión ese año, y dedicó su ofrenda a sus "tíos". Eran saludados con afecto. Se querían, eran otra de las parejas que venían de vez en cuando por la parroquia (tampoco es que estuvieran precisamente con la observancia ritual, pero "el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado") Tenían muy claro que aquella era su casa.
Cierto: no supieron gestionar bien las cuestiones económicas y no consiguieron mantener una pequeña cantidad de dinero que habían recibido: intentos fallidos de negocio, errores de cálculo, falta de conocimientos como en tantas otras ocasiones, en tantas otras personas. ¡Qué cómodo para tanta gente echarles la culpa!
Llegaron las tensiones, y fueron invitados a abandonar la casa. La hermana mayor se bastaba para organizarla. Curiosamente, volvió el desarreglo, el desaliño, las conductas erráticas y el absentismo a los pequeños.
Él, que era algo mayor, sufrió un accidente cardiovascular y murió. Él se quedó solo y, ahogado por la pena y la soledad, emigró a tierras frías. No sabemos demasiado de él ahora. Y estamos un poco huérfanos. Especialmente de ejemplo. A ver quiénes tienen valor para irse a vivir con cinco hijos de golpe.
Sí, Monseñor, V.I. que piensa que esto va contra natura, dígame si no es fecundidad sacar adelante a cinco criaturas contra viento y marea, aunque hayan fracasado, entre otros detalles (preparación, suerte, etc.) porque se le cerraron muchas puertas (aunque las hubo abiertas también), no ponga gesto de asco cuando alguno de sus hermanos en el episcopado le digan que hay que revisar el asunto.
Pero, de la misma manera, Vd., sociólogo incluso progre, dígame que estaban deformando a los niños por falta de modelo familiar estándar, como si el mundo no les brindaba todos los demás, y esos padres adoptivos a la fuerza (de la responsabilidad) no le negaron la existencia de otras formas de quererse. Que lo importante era que rerse con un cariño que tenía la obligación de extenderse hacia los demás, tanto más cuanto más débiles, que tuvieron el valor de acercarse a la Iglesia, pese a que la fama es que la Iglesia los repudia y condena.
En ambos casos, I Jn, 4, 8.
Esta es la segunda historia de las tres para las que esta bitácora tenía sentido. Si lo cuento en otro sitio, se atan cabos y salen los nombres y apellidos. Quizá cuando cuente la tercera de los gigantes morales "no famosos" que han marcado mi vida, ya no merezca la pena seguir con las historias. Seguro que hay quien se alegra. Más me alegraré yo: conté mis historias del corazón y ya quedó la misión cumplida, pues para tristezas y homenajes siempre hay lugar.
| 0 comentarios | Juvenal | 2004-01-25 | 04:41 |
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